Con miles de trabajos, arrastrándome, sintiéndome inseguro, y en posturas que no eran para exhibidas, razon por la cual no me uní á mis compañeros, descendí hasta un punto en que la escalera se estremecia, y estaba como colgando sobre el abismo, bañándome las chispas de agua que se desprendian de la catarata......

Alcé los ojos, y los volví á cerrar con terror: aquel derrumbamiento, aquella caida, es superior á lo que el delirio mismo puede fingir ni la mente humana alcanzar; era como el desbaratamiento del universo, como si se asistiera al quebrantamiento de la tierra, al desplome de los astros. El trueno, el huracan, la tiniebla, la luz moribunda, la vida en su desquiciamiento estupendo.

¡Sublime Dios! aquellos mares no alzan con su revolucion tremenda una burbuja en el océano de tu eternidad! El espíritu planea sobre estos prodigios, como el águila en los vientos, y en la aspiracion á lo eterno, desparece, como la película de la hoja, este conjunto de maravillas!.... ¡Sublime Dios! alza á tí mi sér; suspéndelo contigo en el infinito, revélame los horizontes de tu grandeza; y esta emocion que se derrama de mi alma como ese inmenso raudal, me identifique contigo, mi fuente, mi raíz, mi padre!....

¿Qué templos, ni qué fórmulas, ni qué palabras pueden contener lo que tú proclamas con esa majestad sagrada?....

Regresé de mi excursion, y mis compañeros duraban en la suya. Entréme entónces en un establecimiento cuyo primer piso lo forman un Museo y un almacen.

Se asciende por una escalera pequeña y se encuentra uno en un precioso mirador de cristales, circular y rodeado exteriormente por un corredor ó faja estrecha, con su balaustrada de cantería.

La vista que se disfruta desde allí, es magnífica: por una parte, el rio y las cascadas; al opuesto, edificios, tendidas sementeras con arboledas en sus confines; por aquel extremo, la poblacion americana; por el otro, el primero y segundo puentes, columpiándose sobre el abismo y dejando ver como en las nubes la locomotora y los elegantes carruajes abiertos que conducen á los sitios de placer.

Paredes, columnas, marcos y vidrios, están materialmente cuajados de millones de nombres, de inscripciones, firmas y recuerdos de los viajeros: el mirador es como un álbum inmenso en que parecen registrados los nombres de todos los mortales. ¡Impotente esfuerzo del renombre! delirio infantil de la vanidad! protesta contra lo efímero y perecedero de la existencia humana!

Me entretenía en recorrer el álbum singular de que acabo de dar idea, cuando fueron brotando de la cueva los viajeros del otro mundo, que me refirieron, cuando subieron á la torrecilla, sus impresiones.

Al descender de la torrecilla, vimos á los dos lados del pasadizo que da á la calle, dos departamentos: el de la izquierda, que es una especie de Museo, con curiosidades geológicas; y el otro, un almacen en que se expenden esas mil chucherías que son la ambicion de los viajeros y el encanto de las ciudades.