—Hace años llegó á visitar la catarata una familia, compuesta del padre de ella, la mamá y una jóven verdaderamente hechicera: parece que el viaje se habia proyectado para divagar á la niña de unos amores que reprobaban sus padres.

No contaban los médicos del amor con que el contrabandista piensa más que el guarda.

A excusas, con cuidadoso disfraz y rodeado de precauciones, seguia el galan perseguido á su adorado tormento.

Llegó al Niágara, se alojó en hotel diferente de los objetos de sus cuidados, y tuvo frecuentes entrevistas con la niña.

Esta le dijo que la esperase en una barca, en punto seguro que marcaron, y que allí se reunirian.

El dia dispuesto para la fuga, ántes de amanecer, la enamorada jóven fuese sola á la isla de Goat; allí desgarró en las ramas de unos árboles su schal, arrojó al torrente su gorro, su sombrilla, sus enaguas interiores y su corsé, y á la hora citada se reunió al amante.

Los padres de la jóven, despiertan, la buscan, inquieren, siguen sus huellas y retroceden espantados cuando ven los girones del schal y señales evidentes del suicidio espantoso.

Los novios, entre tanto, seguian su camino en el colmo de la felicidad, llevando el amante vencedor á la señora de sus pensamientos, casi desnuda, en medio de la corriente impetuosa....

—En efecto, podria un hombre como vd. hacer un bello cuadro de esa leyenda.

—Por último, me dijo mi pintor satisfecho, creo que está ya hecho el siguiente cuadro y que solo falta trasladarlo al lienzo. Es muy sabido de todo el mundo y se encuentra en todas las guías de viajeros.