La historia de los Remington es curiosa.

Hace algunos años, esto se encontraba muy poco poblado: en un rincon de esas llanuras, ahora cubiertas de fincas, arboledas y sembrados, entónces casi desiertas, habia un humilde rancho; en ese rancho trabajaba como oscuro campesino Eliphalet Remington, fundador de la actual casa.

Un dia el jóven Eliphalet, con la petulancia de un chico de ménos de quince años, pidió dinero á su padre para comprarse una escopeta.

¡Bonito el viejo para andar gastando en armamento! Por supuesto que el chico no vió un solo centavo del bolsillo paterno para cumplir su antojo.

Pero tratábase de un hijo del Norte, y si han puesto en su pabellon las estrellas, es para cogerlas con la mano. La negativa irritó al mancebo, á quien preocupó, sin descanso, la idea de la escopeta.

Entre los viejos enseres del rancho habia una fragua que en total abandono esperaba su ruina completa.

Eliphalet se dedicó á reparar la ruina; puso en corriente la hornilla, limpió el cañon de la chimenea, recorrió el fuelle, y la fragua quedó servible.

Con la misma diligencia de la reparacion, colectó fragmentos de fierro, los fundió, templó, pulió, y á poco tenia en sus manos un cañon que satisfizo su ambicion.

Faltaban la llave y la caja: emprendió, en cuanto pudo, un viajecillo á Utica, donde se conchavó con un armero, quien completó su obra, y cantó victoria el muchacho tenaz, fabricante de cañones.