En aquella casa vivió mucho tiempo la familia del Sr. Juarez; allí residió Berriozabal; allí se prodigaron cariñosos cuidados al Sr. Doblado, quien murió rodeado de aquella familia generosa; allí vive Felipe Mantilla, amigo nobilísimo de los mexicanos, honra de las letras por su saber, y de la humanidad por su levantado corazon.

Nuestra conversacion se animaba: Emma, que tenia cierto rango en la casa, se acercó y me hizo algunas preguntas sobre México, y yo, hambriento de charla, con unos ojos seductores al frente, comencé á hablar de mi tierra, sin exageraciones, sin una sola cosa fingida por mi mente, pero con la pasion que es de suponerse.

Llamaron á M. Cupia unos amigos, y yo quedé en el extenso despacho, sin cuidarme de entrantes ni salientes, describiendo á Emma un México tan risueño, tan encantador, que me saborea ahora mismo que estoy escribiendo en mi estancia sombría, con un velon al frente, mis cigarros á granel sobre la mesa y rodeado de la fria atmósfera de la soltería.

Brillaban los ojos verdes de la linda irlandesa, con la pintura de nuestros volcanes y nuestros lagos, nuestro paseo de la Viga y nuestro Chapultepec romancesco.

Por supuesto, que puse en relieve la libertad, las consideraciones de que gozan y el bienestar de muchos extranjeros.

A la media hora de conversacion, Emma estaba casi decidida á marchar á México: yo, al principio, le ofrecia toda clase de facilidades; pero confieso que su resolucion me alarmó, y hablé algo de vómito y de lo riesgoso de la navegacion.

Pero Emma era una amiga que no queria abandonarme y que á su vez me procuraba todo género de facilidades.

Confieso que no me divertia mucho eso de volver á México con la adquisicion americana. ¡Oh, qué holgorio para mis buenos amigos! ¡Oh, qué cosecha para la caricatura! ¡Oh, y qué despabilado viejecillo con la lady viajera llenando las calles!

¡Por vida del demonio! El flujo de lengua me tenia en un apuro. En los ademanes, en los arranques, en aquella expedicion de Emma, conocia, sin que me quedase ninguna duda, que aquella criatura me iba á manejar como un chiquillo.