Por el lado del convento se ponian las monjas, por fuera las visitas, y los medios de comunicacion eran: un torno incrustado en la pared y una cuchara con luengo mango, donde se ponian cigarros, dulces, etc., para los recíprocos obsequios.

Yo estaba con mis padres y algunos amigos, muy entretenido en ver por entre las rejas el patio del convento, sus flores y arbustos, su limpia fuente de azulejos y sus altos arcos con cortinaje de yedra, bañados con la luz del sol.

De repente se oyó un estrépito en la calle, volví los ojos y me encontraba absolutamente solo; mis padres, las visitas, las monjas, todo habia desaparecido: en la puerta de la calle habia un toro lanzando mugidos feroces, y me heló el espanto hasta la médula de los huesos, pero no vacilé; me lancé á la reja y comencé á escalarla con ardor febril: por mi fortuna, la reja se estiraba hácia arriba y me ponia muy distante del terreno invadido por la fiera.... aquello me alivió como de un gran peso; pero en mi rapidísimo ascenso, creí oir algun ruido tras de mí sobre los hierros de la reja: volví los ojos.... y ví que el toro, como si corriese por una superficie plana, ó como si estuviera dotado de piés y manos como yo, escalaba la reja en mi seguimiento. Creí entónces morirme de terror, las fuerzas me faltaban, mi angustia era indecible sobre toda ponderacion. Pero la extrañeza del caso me hizo volver el rostro de nuevo, no obstante estar á una inmensa altura, y entónces, ¡oh espanto! ¡oh asombro! ví que la fiera, pero no sé cómo, circuida de extrañeza y expresion diabólica, tenia una fisonomía humana; era.... el rostro de la irlandesa del hotel, con aspecto de toro feroz.... y me perseguia encarnizado y espantable.... entónces me entró una convulsion horrible, crispáronse mis manos, me solté sobre el abismo y.... desperté!......

Desperté lleno de angustia, sudaba á mares.... la luz se insinuaba por las rendijas de la puerta: aquello me sirvió de infinito consuelo.

Sin ser visto, como un prófugo, como un ladron, abandoné el hotel, seguro de que Francisco arreglaria todo, y me refugié en la estacion, desde el alba hasta la hora de la salida de los trenes para Nueva-York, siempre temiendo á la irlandesa convertida en toro.


NUEVA-YORK

XV

El Parlor-Car.—El rio Hudson.—Los suburbios de Nueva-York.—La gran estacion del ferrocarril.—Entrada á Nueva-York.—Primeras impresiones.—Quinta avenida.—Plaza de Washington.—El hotel.—Primera excursion.—Brodway á prima noche.—De dia.—El cochero y los carreteros.—"Columbia Opera House."—Un entreacto.—La cantina.—A dormir.