El camino más y más poblado, los paisajes más y más hermosos, no nos hicieron reflexionar que estábamos en Pickiskill, frente á su magnífico restaurant y junto á una opulenta fábrica de chimeneas.

Andando, andando, pareció como que el rio se habia perdido, y establos, maquinaria, madera amontonada y chozas humildes, nos cercaron.

Pero á poco, por entre las colinas, columbramos la reverberacion de las aguas que corrian caracoleando en la orilla, entre isletas cubiertas de árboles que se ven en su espejo, produciendo esas vistas inversas en que las copas de los árboles como que cuelgan y están mirando de cabeza la profundidad del vacío.

Pasó el tren bajo los arcos gigantescos de un puente cruzado por multitud de coches y carros, que parecian atravesar los aires, y al fin como vencedor, á su vez, empujando en semicírculo inmenso montañas gigantescas, apareció el rio, anunciando la inmensidad del mar.

El tren, como evitando la continuacion de la terrible lucha, se refugió en los brazos de la ciudad, que le esperaba amorosa como para compensar con caricias y agasajos sus fatigas.

En el curso rápido que seguiamos, por las ventanillas del carruaje, como por los vidrios de un estereoscopio, íbamos distinguiendo cercas y hortalizas, casas de campo con su pórtico, sus amplios corredores de madera, sus canastillos de flores suspendidos en alambres sobre las puertas, y sus cortinajes en el interior de las habitaciones; y estos augurios de lujo y de cultura, son entre las peñas, sobre las rocas, aprovechando los más leves recursos del terreno, casas opulentas que dan al viento veletas y banderas, y casucas sucias y oscuras, ostentando en tendidos cordeles calzoncillos abiertos de piernas, camisas boca abajo y enaguas humildes, columpiándose con insolente desfachatez, como secciones del cuerpo humano en vacaciones.

Y en los claros que deja la roca, y en las latas que forman las cercas, y en los tablones, que no paredes de la casa, y en el suelo y en todas partes se ve, abriendo tanta boca, el aviso, que es en este país la langosta, el mosquito, el acreedor, el pariente pobre del infeliz viandante, tras una mata Sozodout: en un palo Vinegar, en una lata Bitters, una camisa pintada, un chino, una fila de galgos interminable, una tempestad de motes de negros que fuman, de turcos que gruñen, de suertistas, adivinos, funámbulos, sonámbulos y.... la mar....

A poco de entrar en la ciudad, y cuando desaparece su iniciativa de aldea, la calle se hunde como haciendo una plancha gimnástica, entre dos barandales que la sostienen.

Corre el tren, y hay una sucesion rapidísima de fajas de luz y de sombra, que producen la alucinacion. Pide uno la explicacion del fenómeno, y es producido porque una calle se hundió en medio de las aceras de la que estaba construida, y quedaron las casas como filas de tropa á los lados de un canal. Entónces se avanzaron los tránsitos de las calles trasversales y se convirtieron en puentes, que suspendidos sobre la hundicion, producen aquellos efectos de luz.

Pero la locomotora se envuelve en perfecta tiniebla, y es porque el túnel la lleva dentro de su pecho; de vez en cuando la luz como que respira, saliendo á flor de tierra, y deja ver círculos luminosos.