Desde el rio de luz de la calle de Brodway se van viendo, al tocar en las bocacalles, travesías de ménos luz, ó sombras cruzadas por hileras silenciosas de farolas, en cuyas aceras se anuncia con mayor luz alguna diversion.
Llegamos al teatro llamado "Columbia Opera House," que se encuentra en la esquina de la calle 12.
El teatrito es reducido, más reducido aún que nuestro teatro de Corchero, con toscas bancas en el patio y una sola hilera de palcos, coronada por una desmantelada galería.
Como ya sabemos, no hay telones que desciendan; son tablones corredizos divididos en dos secciones, los que forman la decoracion.
El palco escénico es muy pequeño, cubierto por las dos alas de una cortina encarnada.
Nos posesionamos de un palco: á nuestra entrada, la orquesta, en que los palillos, el tambor, y sobre todo las trompetas, hacen gran papel, tocaba algo de sentimental y quejoso.
Eran los cuadros plásticos, es decir, personas que con camisetas y calzones de punto que remedan la carne humana, figuran grupos históricos con perfeccion. Es la enseñanza objetiva de la historia; para el libertino, funge de incentivo; para el artista, de estudio.
Representábase el Juicio de Paris; el teatro estaba medio oscuro; en el escenario se destacaba, entre un raudal de luz eléctrica que atravesaba sobre el cuadro, el grupo.
Hermoso el pastor mitológico, las deidades olímpicas en actitudes deliciosas.... cayó el velo, la música incitó el clamoreo del aplauso.