El Tívoli es un salon con simétricas y apartadas bancas de madera. Entre sus filas están colocadas de trecho en trecho pequeñas mesitas, consistentes en un pié derecho de fierro y un círculo de palo de nogal.
Descansan en las mesitas copas y vasos con cerveza, coptails, ponches y limonadas.
A la espalda del espectador hay una especie de galería que cobija gente más comunicativa, pero que no caracteriza la concurrencia.
Habia aquella noche prodigios de sonambulismo, saltos desesperados de acróbatas y no sé cuántas cosas más.
Cantó y representó una niña que más bien inspiraba compasion.
Llegué cuando hacia hervir desenfrenada la alegría una escena de negros, que son favoritas de este público.
Es la tal escena una tempestad de gritazos, de patadazas, de caidas, de rodadas, puñetazos, bofetadas, empujones y gritos, que tiemblan las carnes.
El negro llega atarantado, la mujer riñe, los dos se golpean. El público se muestra en el éxtasis del contento.
Hay teatros de mala muerte, por supuesto destinados á estas diversiones, de que ya dimos idea hablando de California.
Formaron parte de la diversion lo que se llama evoluciones del 7.º regimiento.