Es Navarro de tipo indígena, macizo y ancho; su frente larga y angosta deja percibir una cabeza realmente achiflonada y obtusa, largos y lacios cabellos blancos se fugan de su frente como para parapetarse en su cerebro: los ojos son grandes y revelan su alta inteligencia; su nariz afilada, su boca de par en par, ancha y bien poblada de blancos dientes.

Navarro en la ciencia es considerado como un ornamento; en su juventud, coronó la admiracion sus lindos versos y su sano criterio como literato; y un fondo de audaz filosofía y de honradez sin mancha, hacen de Navarro un hombre querido y respetable.

En su trato familiar es llano y chancero; como patriota cumplió con su deber ejerciendo su profesion en los campos de batalla, y á todas sus prendas da realce una firmeza grande de principios y una modestia que rayaria en desprecio de sí mismo, si no se tuviera la persuasion de su valía.

Con Juan Navarro me informé detenidamente, cuando le ví, de la salud y del punto en que habitaba mi querido amigo Ignacio Mariscal, nuestro ministro en los Estados-Unidos.

Navarro me dijo que Mariscal estaba bueno, y que habia salido de la ciudad á pasar en el campo la mala estacion.

Aunque la posicion oficial de mi amigo y mi situacion peculiar, hubieran podido ser para mí un retraente, al Sr. Mariscal lo he visto como persona de mi familia, y siempre me he honrado con su amistad.

Amigo muy íntimo de su excelente padre, tuve conocimiento con el jóven cuando salia del colegio y se recibia de abogado.

Su vasta instruccion y sus claros talentos, me hicieron solicitarlo para emplearlo en el Ministerio de Hacienda, donde confirmó la idea que tenia de su aptitud, y me lo hizo doblemente recomendable su probidad.

En el Congreso Constituyente se distinguió por la firmeza de sus principios, por su palabra fácil y elocuente, y por el tino con que tomaba parte en los debates.