Buen ciudadano, excelente amigo y ejemplar hijo, es fuerza querer á este Nacho, importándome una higa su posicion oficial. Por otra parte, en México otra posicion oficial le sirvió para colmarme de atenciones y dispensarme favores á mí y á mi familia, por lo que le profeso sincera gratitud.
Mariscal es de mediana estatura, fisonomía franca y alegre, ojos negros, con algo de inquietud en sus movimientos, y mímica expresiva en su conversacion.
Habla el inglés con propiedad y elocuencia, así calificado por los americanos entendidos.
Conoce Mariscal, como muy pocos, las costumbres americanas, y en cuanto á la cuestion política, puede jactarse de haber atendido con sagacidad y zelo los intereses de México, siendo sus notas modelos de dignidad y de sabiduría.
Por último, Mariscal es universalmente querido y estimado de la gente encopetada de la Casa Blanca.
Yo queria que Nacho me instruyese sobre varios puntos, esencialmente sobre los literarios, porque Mariscal conoce bien la literatura americana, y además de hacer él por su cuenta y riesgo lindos versos, traduce, como ya verán mis lectores, con admirable propiedad. Aquella su mansion campestre me puso de mal humor.
Pero para llegar á Navarro era forzoso andar media ciudad, es decir, una gran parte de la calle de Brodway, ó como diria uno más pedante que yo, el gran simpático del gigante.
Yo, que como vdes. saben, extravío rumbo en mi misma cama, no me consideré capaz de atravesar el inmenso mar cuyo ruido estaba y estoy escuchando desde mi cuarto, como oia yo desde el Hotel Spencer la voz de la catarata del Niágara.
Pedí amparo á un tierno y generoso amigo, entendido en estas excursiones, á quien llamaré Francisco, para complacerme con el recuerdo del nombre de uno de mis hijos.
Francisco tiene una inteligencia como luz, y una paciencia para conmigo como alma de Job.