Al rededor de la mesita de mármol que se halla bajo la lámpara, que tenia todas las bombillas iluminadas, estaban agolpados chicos alegres y sedientos de aventuras; llevaba la palabra el único que sabia con perfeccion inglés, y que, por supuesto, se hace tan menesteroso y esquivo como todos los intérpretes grátis.
Es el caso que dos de estos jóvenes habian remitido con toda seriedad al Herald, periódico ad hoc para todo lo que es chisme y escándalo, dos avisos anónimos, solicitándose en uno una jóven profesora de inglés, y en el otro la mano de una jóven.
Merced á la puntualidad y baratura del correo, diez y nueve contestaciones tuvo la primera invitacion, y veintidos ó veintitres la segunda.
Entre las contestaciones de las profesoras, las habia que enviaban sus certificados, proponian precios ínfimos, salpicando de delicadas coqueterías el programa de enseñanza.
Decia una carta:
"No solo inglés, sino las ciencias y las artes concurrirán á ilustrar por mi enseñanza la inteligencia de vd. Le advierto que mi enseñanza es cara, pero que no se olvida fácilmente.
"Me apodero del corazon y de la inteligencia de mi discípulo, haciéndole conjugar el verbo amar en todos sus tiempos, reduciendo á dos las personas; cursaremos la geografía por un método práctico, en deliciosos paseos en carruaje ó en barca, alumbrando el dia ó con la luz de la luna. Nos iniciarán en los misterios de la botánica los ramilletes con que vd. me obsequie, y respecto de la lógica, de vd. serán las consecuencias, aunque establezcamos de comun acuerdo las premisas."
No sé por qué en estas cartas de inglés se mencionaba la juventud, el desamparo y el corazon sensible de las maestras.
Lo curioso de esta aventura es, que miéntras Manuel leia, y Pablo, que era el interesado, se fingia un mundo de aventuras, Othon, al soslayo, me mostraba el borrador de una de las cartas, que se referia á misteriosa cita, y me decia que se la habia dictado una preciosa lady, para divertirse con el ocioso.
Las cartas conyugales tenian más pompa y majestad.