La mayor parte de las que escribian eran viudas: yo no atino á descifrar por qué las viudas pululan por aquí con tanta abundancia. Sin duda hay epidemia peculiar de maridos muy frecuentemente; parece que todos los que murieron en la última guerra eran casados con muchachas buenas mozas.

A muchas de esas cartas acompañaban hermosos retratos, ó mejor dicho, retratos de hermosas.

Otras cartas, y eran las más, contenian retratos á la pluma curiosísimos.

Porque es de advertir que, generalmente hablando, entre las mil señoras, mujeres y niñas con quienes he hablado, la mujer en lo general tiene una educacion más esmerada que el hombre. Escribe con soltura y hace uso admirable de su lápiz para todo lo que se le ofrece: las citaciones históricas, las curiosidades geográficas, las críticas sobre autores notables, les son familiares, son acertadas, y hacen amena su conversacion.

En los retratos á la pluma se mencionaba la color, la tez y la mirada, el carácter y las propensiones, y carta habia con detalles de peso y medida, capaz de dejar satisfecho al más curioso. Una carta decia que tenia la interesada 165 libras. ¡Esa era una ballena!

Una señorita adjuntaba á su carta la fotografía de una manecita preciosa, con señales evidentes de querer asir una buena presa.

Como debe suponerse, la jácara, las alusiones, las exclamaciones y los comentarios sobre las costumbres, llovian, y solia recordarse lo hecho con Othon, disminuyendo mucho la importancia de la aventura.


Mi compañero vespertino cuando recorria la Quinta Avenida, era Manuel, nombre del otro de mis hijos.

Es Manuel nativo de Guadalajara, con lo que podria decirse, sin exagerar, que está hecha la apología de su entendimiento y su corazon.