Delgado y pequeño de cuerpo, de ojos negros y rasgados, ensortijado cabello, nariz roma. Su razon porfía por llevarlo á los buenos estudios y á las cosas de provecho; pero su sangre hierve, y por ahora la sed de los goces le subyuga, quedando en buen estado el áncora de la moralidad y la excelente educacion.
Manuel es muy apasionado patriota, y léjos de admirar exageradamente, suele ser injusto deprimiendo la patria de Washington.
Manuel habla con fuego, y como es chiquitin, en sus arrebatos casi me intercepta el paso, poniéndose á mi frente.
—Antes de que entremos en la Quinta Avenida, como si dijéramos, el barrio de la opulencia, vea vd. tenderse la ciudad de uno y otro lado, á su frente y su espalda, en amplísimas y regulares calles; vea vd. que las esquinas con picos y semicírculos, esto es, irregulares, forman plazas ó corrientes de seis y más calles, cruzadas en su mayor parte por ferrocarriles y transitadas por hileras de wagones; fíjese vd. en la profusion de árboles que formando calzadas hasta perderse de vista, bordan, sombrean y dan hermosura á las calles. Observe vd., por último, los muchos parques con frondosas arboledas, asientos y fuentes, lugares perpétuos de recreo que alegran la opulentísima ciudad.
Estamos al fin en la Quinta Avenida: al Sur la limitan una plaza que es la de Washington y corre hácia el Norte al lado del Parque Central, más allá de la calle 59.
—No quiera vd. detenerse, me decia Manuel, en contemplar cada uno de esos gigantescos edificios que nos salen al encuentro en tropel, porque eso seria cuento de nunca acabar. Aquel es el Hotel Delmónico, ese otro edificio el Manatan-Club.... más allá está vd. viendo Union-Club.
—No quieras llevarme por ese lado, Manuel, yo no quiero ir por ese lado ni ver ese gran monumento frente á Hoffman-House, ni nada; me han dicho que ese monumento es levantado contra mi patria; y mira, quisiera morirme ántes que pisar esta tierra; me quema las plantas, me parece que esas barras que tiene la bandera americana están hechas con nuestra sangre, y que sus estrellas son la impresion de sus heridas abiertas, y entónces....
—Es un gran monumento al general Worth.
—¿Cómo en la patria de Washington se levantan monumentos al robo y á la brutal ostentacion de la fuerza? ¿Cómo se enseña la inviolabilidad del derecho y se construyen columnas de honor á la más villana de todas las violaciones?
—Pero, señor, el monumento no es á la conquista de México ni á su mutilacion, es á un general que cumplió con su deber.