—Pues mira, quédate en tu plaza y resígnate, y déjame á mí con mis pelados maldecir hasta la quinta generacion á todos los piratas y á todos los conquistadores....
Yo no sé cuántas cosas seguí diciendo, hasta tocar casi en la Academia de música.
La Quinta Avenida se extendia entónces á mis ojos en toda su hermosura.
La calle de ese nombre corta la ciudad en su más amplia extension. El pavimento corvo es de adoquines, y las banquetas de seis á siete varas de ancho, de losas tersas de color de pizarra, que parecen bruñidas, y algunas tienen de largo el ancho de la banqueta.
La banqueta no pega en la pared sino que deja trecho en ella al piso que corre debajo de la calle, con intersticios que guarnecen á veces pulidos barandales de hierro: vense al través de ellas las ventanas del bassement ó último piso, con sus cortinas blancas, sus macetas y muebles lujosos.
Las casas todas, uniformemente, sin una excepcion, por donde yo estaba, son de esa piedra morena, entre morado oscuro y carmesí, tersa como el fierro que llaman brown-stone (piedra morena).
La parte superior de la fachada la componen ventanas con cornisas y grandes cristales, ó arcos y columnas; pero el primero y segundo piso tienen balconería corrida, más bien citarilla ó cenefa de hierro ó de piedra con sus columnas, y en ellas macetones con flores.
De la banqueta asciende entre pasamanos calados de piedra, la escalera que da á la entrada, donde la recibe elegante pórtico de dos ó cuatro columnas estriadas, remedos del órden gótico ó corintio, y sobre el pórtico se alza un balcon de la propia figura.
Y esas escaleras son tan iguales, y tan uniformes ventanas y pórticos, que parece que un propio molde los hizo á todos, ó que todos se calcaron y tornearon en máquina especial.