—Unas veces parece en las calles, como decia Lancaster del Hotel de San Cárlos de Orleans, que las obras comienzan de arriba para abajo; otras, que ya se traen piezas hechas como cajones, y que amontonándose unas sobre otras, se sale del paso; y otras, que se empieza la obra con espacio y formalidad, bajo un órden severo de arquitectura, y despues se acaba como se puede, como esos elegantes que vemos pasar correctamente vestidos, y en materia de peinado y sombrero, son de lo más descuidado del mundo. Vea vd. si no, me hizo observar, volviendo por la Quinta Avenida, esa casa larga y angosta que tenemos al frente. Es de mármol blanco; el primer cuerpo conserva las mejores reglas arquitectónicas; esas columnas estriadas son de purísimo órden corintio; los chapiteles están primorosamente cincelados. Esa es la casa de T. Steward, el comerciante millonario: se llama la habitacion-palacio, tanto así eclipsa á las demás su lujo; el edificio costó, segun dice el vulgo, más de dos millones de pesos.
Cuenta la tradicion que despues de concluida la casa de régios salones, de corredores espléndidos, de alcobas voluptuosas y de todo lo que la lisonja ó la riqueza puede imaginar, quedó la casa inhabitada porque una hechicera le habia dicho al dueño que moriria luego que se mudase á ella. Nadie creyó en la brujería, excepto el amor, que es supersticioso, y la casa estuvo sin habitarse. Al fin, mudáronse los dueños: murió Steward á poco tiempo, y tomó proporciones de profecía el cuento de la vieja, que en último resultado es una verdad de Pero Grullo.
—Manuel, Manuel! esas son invenciones de vd.
—Será mentira, yo no lo niego, pero invencion no; porque como me lo contaron os lo cuento.
No hubo forma de detener á Manuel en el Parque; no en la Catedral Católica Romana, á medio hacer, que es un ensueño europeo como la Catedral de Colonia, despertando los más poéticos romances de los siglos XIII y XIV; no me atendió cuando al frente de la Sinagoga y á su vista morisca, recitaba con entusiasmo trozos del Moro Expósito; no me dió aliento frente al Instituto de Señoritas (Rutger Female Colege), tan digno de estudio: quiso que nos detuviésemos frente al soberbio y levantado muro que forma el depósito de aguas que surte la ciudad, llamado Depósito de Crottom, porque en él desembocan los acueductos que parten desde el Parque Central, distante seis millas.
XIX
Depósito de Crottom.—El carruaje.—El carreton y el carrito de mano.—Su influencia.—Nuestros nombres de á caballo.—Un Carnaval intempestivo.—La gran Procesion.—Los grandes calores.—Emigraciones.—Fiasco del Carnaval.—Más calor.—Un ataque á las garantías individuales.
El inmenso estanque capaz de contener 150 millones de galones de agua, es de mampostería, con robustísimos estribos de granito: sobre esas murallas, ó mejor dicho, de ellas se ha formado un paseo alzado sobre la ciudad, con sus árboles, jardines y calzadas: segun el cálculo de los peritos, lo que se llama el Lago de Crottom puede cubrir 400 acres de tierra, recibir quinientos millones de galones imperiales de agua, y descargar treinta y cinco millones.