—¡Esto es magnífico! Esto es estupendo, esto es digno de los mejores tiempos de Babilonia y Roma, decia yo á Manuel, quien reia, y quien me decia con cierta zonga que no dejaba de arderme:
—Cuidado, señor, cuidado, que tal me parece que se va vd. ayankando.
El depósito de Crottom costó 15.000,000 de pesos.
Quisiera no escribir esto, porque envilece y humilla cómo se trata la cuestion de aguas en México!
Si yo fuera capaz, escribia una obra que se titulara: "Del carruaje y de su influencia en la sociedad americana."
La sustitucion de la máquina al hombre, es decir, el ahorro del esfuerzo material sustituyéndolo con la máquina, es instintivo aquí, al parecer, desde las clases más embrutecidas. Al presentarse un obstáculo cualquiera, no se lucha directamente, se recurre á la palanca, á la garrucha, á la tenaza, al cordel, muy al contrario de lo que hacemos nosotros, y no por pereza, no por debilidad, sino por amor al éxito; y así como á la navaja le llamo yo el sexto dedo del yankee, al carrito de mano le doy el nombre de su tercer brazo.
Corre con el carrito, palanquea y conduce bultos enormes, penetra al almacen, le arrima al buque, se hace camarada del taller, es como el animal doméstico en el hogar. Doblarse en competencia con la mula para caminar, agobiado bajo un tercio, no lo concibe el yankee, que jamás puede ver ni puede dejar que vea nadie las cosas bajo el punto de vista de la mula de carga.
Esta asociacion de la máquina al trabajo, y no solo al trabajo sino al placer y al lujo, comunica al carruaje importancia vital y le da infinita variedad; es á la vez piés, manos y vehículo, en una sociedad en que la primera aspiracion es el movimiento.
Hay carros pequeños y grandes: constituyen la cuna del niño hecho carretelita, el caballo del muchacho como velocípedo, el esclavo del hombre para sus faenas, su mansion ambulante en el desierto, su palacio en las ciudades, su alcoba y su ataud.