El carro tiene todas las formas y las figuras más caprichosas, segun el objeto á que se destina.
Los hay como inmensos cascos de buques, con sus toldos abovedados cubiertos de lona, y son almacenes de semillas y géneros formidables, descansando en sus dos ruedas; los hay que apénas tienen figura, porque son vigas mal encuendadas, que con una ligera inclinacion tocan el suelo y reciben la carga; los hay como cajas descubiertas, para vituallas y carnes; como pipas para la conduccion de agua y cerveza; como carretelas para pan y leche, con toldo y sin él, con secciones para transeuntes y efectos.
En el campo y en el hogar, el primer signo de independencia y el primer elemento de accion, es un carro, y por consecuencia, un caballo.
El panadero, la lechera, el cervecero, la verdulera, el jardinero, hacen acopio y distribucion de sus frutos en el carro. En él se hace mostrador, se acoge al niño, y se vuelve ambulante la familia.
El modo de descargar un carro es curioso: si se trata del almacen que da á la calle, el carro se vacía inclinándolo; los tercios ruedan y los carritos de mano completan la obra. Si se trata de elevar grandes pesos, entónces, por la azotea ó por una ventana, asoma el potente brazo de la garrucha, y ascienden, escalando los aires, baúles, espejos, tercios, muebles costosos y cajas de fierro.
Hay fisonomías de carros como figuras humanas; grandes como edificios, cuadrilongos, de figura de cabaña, y de barril, y de sombrero, que sirve á la vez de anuncio de una sombrerería. Así lo ví en Orleans, propiedad del sombrero Lee.
El carruaje se emancipa y se pone al servicio de la sociedad; entónces es la diligencia, el ómnibus, el bugey, el faeton, el cupé, la berlina, la calesa y el landó del millonario.
En su estado de diligencia, de ómnibus y aun de coche de servicio, se adiciona su parte superior con bancas, abanicos y toldos, hace el imperial, se traslada el salon al carro, y se ven en las alturas sorbetes, gorritos, sombrillas y paraguas, dando á los cuadros particular animacion.
Si despues de considerar al carro como útil de trabajo, se le mira como asociado á la vida íntima, el carro arraiga al hombre en la familia, le facilita gozar en conjunto, se traslada con ella, niños y grandes recorren juntos la distancia, y van al mercado ó á la fiesta.
Sin exageracion, puede decirse que hay en movimiento en la ciudad más de 18,000 carruajes, sin contarse con los wagones de ferrocarriles urbanos, que la recorren en todas direcciones y se ven á lo léjos como cordon de casas que andan, con excepcion de la calle de Broadway y la Quinta Avenida, que no tienen rieles en toda su extension y forman siempre estrepitoso rio de coches, ómnibus y carros.