Ayer he llenado mi cartera de apuntaciones, es decir, cuentas sueltas para hacer soguillas, y ahora que las quiero ensartar en el hilo de una narracion seguida, me estoy encontrando con dificultades insuperables.

Tal vez influya el calor en lo que me pasa: las calles, aunque amplísimas; las plazas, aunque pobladas de árboles; mi habitacion, aunque ménos estrecha que otras, no templan los ardores de este horno de carne humana. El calor es intenso, es abrumador é insoportable; toda la pompa del Paris de América se reduce á nada cuando se ve el lujo bajo el aspecto de adornos de un suplicio. Ni un instante la brisa se insinúa, ni un momento dulcifica el nublado el tueste sistemático de los hijos de Adam.

Suele cambiar el tiempo; pero entónces es una invasion de invierno, que produce cada pulmonía, y cada reumatismo, y cada catarro, y cada croup, que en los vivos aires alzan la estadística de la mortalidad.


Uno de los retraentes que van teniendo mis salidas, es la falta total, permanente y tiránica de lugares de desahogo transitorio, y cuenta con que se trata de una gran necesidad social.

El hecho es espantoso; ¿pero qué se hace con respecto al excedente de los líquidos en un país en que marcha dia á dia como embodegado y en secciones un océano de lager beer, y otro de soda? Se aguanta: ¿y si no se puede? Habrá acueductos subterráneos, habrá lo que se quiera; pero no se da á luz el remedio de la necesidad. Sobre que ni hay zaguanes, ni recodos, ni parapetos, ni abrigos en el interior de la ciudad, si no es en una que otra plaza.

En el restaurant en el bar-room, en el hotel, hay sus oficinas tributarias (water closer); pero el recurso no está á la vista de todos; por otra parte, se necesita cierto desplante para irse un hombre introduciendo hasta los últimos interiores de la casa á instalar un desagüe; ¿y cómo se hace esto sin saberse el idioma? ¿los extranjeros no tienen derecho á salir de su cuidado? ¿y los pobres que pudieran hacerse sospechosos? Los pobres deben vivir en seco. Esto es espantoso.

Si la ausencia de consuelos nace de pulcritud, poco se logra; porque si es cierto que en las calles centrales no se advierten desmanes, en las calles apartadas es el asco y la inmundicia; no hay callejon, ni cerca, ni despoblado, que no tenga lagos, que no rastros, del contrabando espantoso de los líquidos.

Como el bar-room es el recurso más obvio, he tenido que adicionar mi presupuesto.