Notaba que los vendedores vocean sus artículos con voz monótona y tenaz; los distribuidores de periódicos, como en México, dicen las noticias y calumnian los rubros; los naranjeros, las lavanderas, todos pregonan sus oficios y mercancías; pero esto es siempre que no está á su alcance una campana, una trompeta, un órgano ó una música de viento; entónces el voceo se vuelve escándalo y se produce al placer: porque por lo visto, el ruido es para estas gentes un placer.
Los escalones de los hoteles están forrados de láminas de laton, que retumban con las patadas de los transeuntes.
Los criados no alzan, sino empujan, en los entarimados, las sillas, que van deslizándose y haciendo piruetas, hasta colocarlas en su lugar; vuelven ferrocarril el mármol de los mostradores, y lanzan vasos y charolas, y en el descargue de un carro ó de un buque, llueven tercios, se desgobiernan baúles y se despedazan muebles, que es una condenacion. A los hombres de los Express los llaman humorísticamente baggege mackers (machucadores de equipajes).
A la entrada de los hondos sótanos se suspenden varillas que forman carril ó rambla, haciendo ondas para disminuir la pendiente, y por allí se lanza, para que camine, todo lo que se tiene á la mano.
Esta propension al ahorro de trabajo, de costo y de tiempo, es casi una faccion de la fisonomía de estas gentes.
En el trasporte de grandes piedras, en la suspension de pesos enormes, en el ferrocarril, en la marina y en la finca, se hace sensible aquel que podriamos llamar principio.
Dentro del mar, detenidos por estacas de madera, reciben durmientes y rieles por donde pasan inmensos trenes.
El elevador tiene todas las formas; desde la repisa hasta el salon: en los grandes almacenes, en un cuadro de hierro afianzado á un cable por una argolla y en una tabla, suben y bajan efectos y hombres como volando; los elevadores, que no son sino una preciosa estancia alfombrada, con asientos de terciopelo, espejos y quinqués, suspendida á tres ó cuatro garruchas, hacen insensibles los viajes aéreos.
En el Correo estaba un elevador sin garruchas ni cables; el cuarto de madera descansa en un pilar de fierro que sube y baja por medio de un mecanismo que maneja un niño; sobre la tapa de un sótano se colocan cestos, tercios y cajas, y el cuadrado, que parece puerta, se hunde haciendo la conduccion subterránea del modo más seguro.