Los albañiles se valen frecuentemente de macizos tablones suspendidos en garruchas afianzadas á gruesas vigas horizontales recargadas en los techos. Los andamios á nuestra manera, son casi desconocidos.
Y para decirlo todo, si se trata de abrochar un guante una americana y no tiene su gancho ad hoc, no forcejea ni porfía, sino que se quita una horquilla del peinado, y con ella improvisa un gancho que la saca de apuros.
Esta es la causa, en mi juicio, de la boga que tienen los botones de carretilla que se usan en camisas, pantalones y calzoncillos. El boton se traba y es obra de un instante; no se desprende, emancipa al hombre de la aguja, es toda una revolucion en la costura. No contentos con ese boton, hay unos ganchos aun más cómodos, y de ellos usan los bomberos para vestirse con celeridad prodigiosa.
Al regresar á mi cuarto, unos amigos que acababan de llegar de México me esperaban para que comiésemos juntos.
Entre ellos venia un español franco, abierto, apegado cerradamente á nuestras costumbres, intransigente, y con todos los defectos y virtudes de su raza, en pronunciado relieve.
Yo haré notar á mis lectores que el tipo realmente antagónico del yankee es el español; pero por ahora sigo mi cuento.
—Comeremos, decia D. Santiago, donde no haya plan americano, porque el plan me parece del fondista, de dejar á un cristiano sin comer.
—El sistema americano consiste, observaba otro, en que caiga ante una víctima, de un golpe, una lluvia con todos los platos guisables, y que el cliente, armado á veces de solo el tenedor y de un plato único, entre en campaña con todos los potajes, hacinando los restos y haciendo combinaciones en el plato único, lo cual es repugnante al último extremo: cáscaras, aceite, vinagre, melaza, todo se reune en el improvisado muladar, y á eso se llama comer.
—Yo llamo plan americano, observó Francisco, á las comidas frecuentes, y sobre todo, á los potajes que en ellos se sirven.
El cerdo, miéntras más grasoso y más al natural, mejor; los frijoles blancos, secarrones, los maíces en leche, los tomates servidos en crudo como frutas delicadas, la melaza mezclada á las grasas, el exceso en los condimentos, de pimienta, sal, pikles y todos los accesorios con que el americano se guisa su comida, porque el manjar suele ser un protesto, y el pan de maíz, que servido con esmero suele ser un bizcocho agradable, pero no como acompañante de todas las comidas.