—En eso de pan, nota otro, los hay enormes: son como bancos de madera con miga, como lana de almohada, y cortezas como de tabla.
—Y hay panes que son realmente trancas, decia D. Santiago, con los que se podia arrimar á cualquier tunante una paliza, con que no le quedase hueso sano.
—Comeremos donde vdes. quieran, decia yo; pero que no nos obsequien á la mexicana. De nadie quiero ocultar mi nacionalidad, que llevo con orgullo; de un cocinero sí.
Han dado en que nuestra comida cotidiana es mole picoso y desabrido; nos presentan como albóndigas unas balas enormes hechas de una especie de hash, que es el plato americano; esto es, carne deshebrada, el pasado de las fondas, la resurreccion de los resíduos de los que fueron potajes, y frijoles, unos frijoles en agua sucia, cocidos nada más, frijoles que en nuestra tierra desdeñarian los perros.
—Busquemos, decia Francisco, una fonda netamente francesa, aunque tenga las pretensiones de poca lisonja á los americanos, como es natural.
—Comeremos á la carte, es decir, pidiendo lo que sea de nuestro agrado y bebiendo vino, cosa que no entra en el plan americano.
Nos presentarán en una especie de cuaderno una lista tremenda, en que parecerá agotada la nomenclatura culinaria.
VIAJE DE FIDEL
LIT. H. IRIARTE, MEXICO
Nuevo Capitolio de Albany.
Pero no hay que estremecerse; en eso, como en todo, entra el humbug.