Ve vd. una fila enorme de nombres: es á veces pan de distintas hechuras.

Otra seccion: es la lista de todas las verduras.

Otra: de nombres tremebundos. Son papas.

Y toda esta inmensidad de nombres está sujeta á que se acaba todo lo que vd. desea y á que come una comida corriente, pero costosa.

—Ni más ni ménos, dijo D. Santiago, sucedió á mi sobrino Paco: la primera vez que pasó por estas tierras (él es de buen diente, ¡canasto!) y apénas puso el pié en tierra, aunque sin saber ni sílaba de inglés, se metió en una de esas fondas, y le pusieron el infolio en las manos.

El, que es testarudo y se moria de hambre, recorrió la lista aquella y se prometió el oro y el moro.

Para complacer el apetito, dijo para sus adentros, veamos lo que tiene más letras, porque allí debe estar la sustancia; y diciendo y haciendo, puso el dedo en uno de aquellos letreros.... á poco, caten vdes. que le van trayendo unos rabanitos muy monos; pero aquello era una temeridad.

Puso el dedo en otro renglon: entónces fueron unas hojas de lechuga y los útiles para la ensalada.

Renegando su alma, y queriendo irse al extremo opuesto, puso el dedo donde vió ménos letras, y dijo: "Esta, de fijo, es carne...." y el criado fué llegando con un gran trozo de hielo.... Entónces tomó una seccion de aquellas por su cuenta, y comenzaron á llover sopas que fué una gloria, hasta salir amostazado, en medio de las risas de los sirvientes, despues de desembolsar diez ó doce pesos.

—En las estaciones tambien, dijo D. Santiago, mucho cofi y mucha hoja de lata, y nos morimos de hambre.