Por delante, el cajon tiene su marca; por la espalda, es un chiflon que da á una balija.

Ese es el departamento de los periódicos. Se reciben en la parte superior, se desbarrancan por el pozo y allí se apoderan de ellos los distribuidores, con tal tino, con tal destreza, que lanzándolos á grande altura y en todas direcciones hasta anublar el espacio y perturbar la vista, no hay una equivocacion ni falta en correr á la balija el paquete.

Sentí que se me hundia el suelo: es, me dijo mi cicerone, que vamos á ver las máquinas.

Hicimos en este último piso una excursion entre grandes pilares y paredes de cinco y seis varas, en medio de las sombras y oyendo la respiracion de las máquinas, como si estuviéramos en un antro de fieras.

Aquellas grandes máquinas son los esclavos del servicio, y tienen por principal tarea estar unidas á esos ómnibus aéreos que se llaman elevadores.

Ese tránsito de arriba abajo y de abajo arriba, esas calles verticales en el espacio, solo á un yankee ocurren.

—Oiga vd., por más que veo esos robustos cables, decia yo á mi amigo, á mí siempre se me escarapela el cuerpo. Un sopapo desde las inmensas alturas que recorre el ómnibus, es tremendo.

—Por supuesto, me decia mi amigo; hace años cayeron tres criados de un hotel, con todo y elevador, y se hicieron añicos; pero no volverá á suceder.

—¿Cómo?

—Porque ahora los cordeles están adheridos á unos resortes; caso que los cables se rompieran, los resortes se abren y dejan suspendido el elevador; de suerte que el mayor mal que le puede suceder, es repetir el milagro del albañil de San Vicente Ferrer, es decir, quedarse en el aire; y ni eso, porque se queda vd. en un buen asiento de terciopelo, con su alfombra, y si gusta, viéndose al espejo.