El hombre que acompaña á vd. en el elevador, lleva la mano en el cordel que gobierna la válvula, y detiene ó acelera el paso segun conviene.
Con esas seguridades, volvimos al mundo despues del paseo subterráneo.
La oficina de correos tiene en todo 1,600 empleados, inclusives 300 carteros.
Se reparten al dia, por término medio, 300,000 cartas del país y 30,000 del extranjero; solo de la ciudad se reparten 120,000 cartas.
El despacho de correos está abierto desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche.
En todas las calles, y de trecho en trecho, hay cajitas de fierro adheridas á las columnas de los faroles, en que se puede echar la correspondencia y de donde la recogen tres veces al dia los carteros.
Los empleados de correspondencia y contabilidad no tienen que ver ni rolan con los empleados del despacho. Estos se dividen en tandas para el trabajo, fungiendo las tandas de seis de la mañana á cuatro de la tarde; de esa hora á las doce de la noche, y de ella á las seis de la mañana.
El precio comun de la correspondencia, como ya dijimos, es tres centavos por carta sencilla de media onza, para cualquier punto de los Estados-Unidos, diez centavos para el exterior, ménos los que entraron en la convencion postal internacional, como Alemania, y al fin Francia y España, para cuyos países se cobran cinco centavos y dos centavos para el interior de la ciudad. Los periódicos sueltos pagan un centavo.
Un centavo vale tambien una tarjeta portátil, que es un cuadro de papel vitela en que se escribe lo que se quiere, con pluma ó lápiz, sin poner cubierta; el porte de un centavo es el precio de la estampa allí grabada. Esta carta abierta puede ir así á todos los pueblos de los Estados-Unidos.
El gran fomento á las relaciones y á las ideas, está dignamente comprendido en este servicio.