En las principales calles, en las plazas, en los paseos más concurridos, atraviesan niñeras y nodrizas perfectamente vestidas, conduciendo á los niños sentados ó dormidos, resguardados del sol con sus toldos, rodeados del respeto y la consideracion universal.

Todo el desórden, toda la irregularidad que hemos notado apénas al hablar del centro de la ciudad, se veian en aquellos vericuetos que recorria yo.

Los bar-rooms, que al través de alambrados ó como vergonzantes aparecen en el interior de la ciudad, en este barrio se presentan repugnantes, así como los talleres de los curanderos de la ropa ó reparadores de piezas inválidas de vestidos, casas de empeño que se anuncian con tres globos dorados, y bazares de objetos de segunda mano, como si dijéramos, panteones de vestidos disparatados, plumas ajadas, velos que han pasado á la categoría de redaños, levitas escuálidas y sombreros en actitudes cómicas: el desecho, la osamenta....

Unas calles acaban en punta, otras culebrean caprichosas, otras se interrumpen con una arboleda, otras comienzan en tumulto carnavalesco y acaban en casas uniformes y graves, como una procesion de frailes, y al frente de estas casas, hay hileras de carros en compostura, caballetes de pintor, y caldereteros que aturden repicando con sus martillos, sobre una sarten que chilla y arma un sanquintin de ruidos espantosos.

Hay calles sin salida que dan á una acera corrida de casas; á esas calles se les llama Places, y nosotros traducimos plazas, con la misma propiedad con que yo puedo llamar trompeta á la pluma con que estoy escribiendo.

Pero lo característico, lo estupendo, lo inconmensurable en estos lugares, que no me atrevo á llamar casas ni calles porque se supondria que trato de gentes, es la vieja, es la mujer en su metamórfosis de vejiga, de almofrej ó de bodrio de trapos, arrugas y canas.

No es la desnudez, es la apostasía del trage; es la defeccion del vestido; es la traicion al forro de la especie humana.

La vieja de esta region de la ciudad es un sér que crece á lo ancho en sentido masculino: exagera la blusa de lana al volverla tápalo, el túnico participa de la pipa, y el calzado es la rabia del botin, la tortura de la chinela, el infierno de la babucha, la degradacion de la bota del negro. Ese endriago no se contenta con beber whiskey, fuma puro; descontenta del puro, masca tabaco, y para apurar todas las iniquidades, huele á manteca rancia.

El aire que se respira entre esas basuras, esos trapos y esas viejas, se conviene fácilmente en que es un aire mortal.