Embebecido iba en mis reflexiones, cuando oí sobre mi cabeza un ruido como de estrepitosa corriente. Alcé los ojos, y me pareció ver como secciones de la calle que iban atravesando los aires.


XXIII

Ferrocarril elevado.—Gilmore's.—Las modas.—El domingo.—Templos y religiones.—El templo de San Estéban.—Sinagoga Emmanuel.—El Parque Central.—Jardines.—Estatuas.—Salones de refresco.—Los lagos.—Los niños.—Palacio de las aves.—Casa de fieras.—Regreso al hotel.

Lo que veia era el ferrocarril elevado en la calle de Greenwich, que corre desde la Batería hasta la calle 30, es decir, como la mitad de la gran ciudad.

La vía es una arquería de fierro que tiene el aspecto de una larguísima portada que corre cerca de una legua; sobre la arquería están tendidos los rieles, que forman una faja á la calle, á siete varas de altura; de trecho á trecho hay estaciones y escaleras para descender á varios puntos de la ciudad.

Los wagones llevando su poblacion transeunte, corren en la altura silbando y arrojando humo la locomotora, miéntras por debajo de los rieles, carros, caballos y viandantes, caminan como si tuvieran entendido que hay una vecindad en las nubes, ocupada de sus negocios particulares.

El carril en que corren los wagones, es tan estrictamente limitado á su objeto, que la cara exterior de la rueda va completamente en el aire, y cuando algo se desvía del camino, tiembla uno por un derrumbamiento espantoso.

Por lo demás, el aspecto de la calle, al través de los arcos y calados de la fachada de fierro, es encantador: tiendas, arboledas, bocacalles, plazas, cruzan como al través de un velo, y los que transitan en los wagones deberán ir como si taladraran las habitaciones, sorprendiendo la vida íntima donde no hay persianas, y asistiendo, ó mejor dicho, siendo actores en espectáculos de linterna mágica, tan variados como caprichosos, y como no esperados. El viaje es sorprendente y magnífico, por esa invasion atrevida, inesperada, en el viento.