Entre los jóvenes que me han distinguido en estos viajes, que han empeñado muy especialmente mi gratitud, cuento sobresaliendo á Alfonso, con quien no hemos hecho aún conocimiento; Manuel, á quien ya hemos escuchado, y Pablo, que es quien tocó anoche á mi puerta para llevarme á Gilmore's.

Es Pablo de mediana estatura; delgado, pero de constitucion nervuda y poderosa, negro cabello y barba espesa, ojos pequeños hundidos, y una dentadura, vergüenza de la nieve y el marfil bruñido.

Pablo exagera, si cabe en eso exageracion, el sentimiento de la patria hasta la intolerancia; del mundo americano, la lady es la que lo descompone y alucina: es reservado y poco comunicativo; cortés, pero quisquilloso y resuelto, y saltan de la nube de su humor tétrico, rayos de caridad y de nobleza de sentimientos, que le hacen muy estimable. Conmigo es especialmente bondadoso.

A su primera indicacion estaba listo; tomamos un carruaje, y hétenos en Gilmore's Garden, que por fuera solo presenta el aspecto de una inmensa troje con ventanas circulares.

A la entrada del edificio nos volvimos para contemplar una colosal estatua de rostro humano, con barba de gastador y el cuerpo monstruoso de un animal desconocido: habria figurado con aplauso en cualquiera de nuestras coheterías.

La luz, las mujeres, las plantas y la música, como soplo de vida y como irradiacion del espíritu, forman los encantos de este lugar. El conjunto sorprende, los detalles desencantan.

No le podemos llamar hipódromo, porque de ello no queda sino la reminiscencia; no jardin, porque el césped, las flores, las estatuas, están como sobrepuestas, accidentales como la decoracion de un teatro; no salon, porque la gradería lo desnaturaliza y los departamentos aislados tienen del cenador y fungen de palco.

Gilmore's-Garden es una área que sigue la figura elíptica de cien varas de largo por setenta de ancho, y que ofrece á las miradas cuatro grandes divisiones.

La perspectiva desciende en una série de amplios escalones desde el techo hasta tocar una especie de alta valla. Cada uno de esos escalones tiene mesas y asientos que los convierten en salones corridos, separados por la gradacion, presentando ascendiente á la concurrencia inmensa y al tráfico, como aéreo, como si asistiera una poblacion, descendiendo de las nubes, al espectáculo, ó como si levantado un velo se apareciese un cuadro olímpico.