Comunica vida á este laberinto de mansiones, á estas galerías feéricas, á esos arcos, á esa llama y á esas flores, una concurrencia que es en sí un pueblo y un encanto por su fertilidad, una pompa por su número, un espectáculo por su variedad y elegancia.

La noche que asistí era escasa la concurrencia, y habria cuatro mil personas. Gilmore's puede y suele contener diez mil almas.

La multitud á que hemos aludido, se ve en cascadas que bajan de la gradería, se sigue en orlas en los asientos de la valla, se arremolina en las glorietas y circula en corrientes deslumbradoras, lujosa, alegre, enamorada, y hasta pudiéramos decir, feliz.

Y esta vida y este lujo de expansion y de belleza, como que hierve entre las plantas que descuellan, las estatuas que sobresalen, las banderas que flotan, la luz que irradia formando chorros y despedazándose en reflejos, y la música que gime y suspira, y ruega, y vibra, como congregando los espíritus á un invisible y sublime trasporte.

Ese es el conjunto, esa la impresion que domina y avasalla: en cuanto la primera ilusion nos abandona, palpamos una especie de humbug que nos divierte tambien.

Los pilares en que descansan los arcos de luz son vigones de madera toscos y mal pintados.

Los pinos y ramajes de la entrada parecen dejados á guardar en la guardarropía de un teatro; sobre todo, la gruta, es un prodigio de mal gusto y fealdad.

Quiso ser la gruta de colosales rocas como suspendidas en los aires, mostrando las entrañas desgarradas de una montaña despedazada por un torrente subterráneo que precipitara en cascada sus aguas, salpicando las estalactitas y estalacmitas y cayendo á morir en un lago.

La ejecucion es divina: se palpa toda especie de bodoques, protuberancias y frunzones, cubiertos con un cotense color de cera de Campeche ó de condumio de cacahuate, formando bolsas, talegos, costales y monteras boca abajo; las gotas dispersas sobre la roca las figura polvo de plata derramado como sal sobre aquel capricho realmente salvaje.