—Vámonos, le dije á Francisco.

—Por aquí, replicó, y de manos á boca me encontré con un edificio de alambre ó jaula gigantesca con curiosas aves.

—¡Qué lindos cacatúas! me hizo observar mi sagaz guía, que con inocente engaño me hizo dar una vuelta enorme para que viese lo que allí se llama el Museo.

La seccion del Parque en que nos hallábamos contiene varias jaulas con aves preciosas. Hay una destinada á las águilas y buitres, frente á la que no me quise detener, porque no me encuentro bien frente al poder militar.

Cerca de los grandes tiranos del aire se encuentran jaulas para ardillas y animalejos, que se entregan á la guerra intestina.

A poca distancia se ve un pozo enorme con su barandal de fierro, en que nada una foca terrible, como si dijéramos, el poder marítimo, inútil y costoso como nuestra marina.

En los prados que rodean el foso ví una llama, varios camellos destartalados y cariacontecidos, como doncellonas viejas.

De estos preciosos animales hicieron acopio en Tejas, y se ensayaron con buen éxito para pasar los desiertos, salvando mil inconvenientes de esa travesía peligrosa.

Bisontes, cíbolos y otros animales estaban en los prados, circuidos de curiosos.

Nosotros penetramos á la casa de las fieras.