Pancho querido:
"Te estoy viendo frente de mí, con tu cachucha cubriendo tus ojos indagadores y penetrantes, tu gran saco traicionando tu camiseta, y tus pantuflas holgadas denunciando tu pereza, miéntras yo, tendido en el sofá, descanso del ruido y de la celeridad del vapor.
"Ya voy á empezar la relacion del viaje; no te impacientes, déjame encender un cigarro.
"Pues, como iba yo diciendo, salí del hotel con mi sombrero con más arrugas que de ordinario, mi sobretodo al brazo, mi paraguas en mi mano, cubierta del indispensable guante, á obsequiar la invitacion del gran poeta y del caballeroso amigo.
"En dos trancos me trasportó el wagon frente al Correo, y en tres pasos me tienes en el despacho del Evening Post, calle de Broadway; pregunté por Mr. Bryant, le subieron el aviso al quinto cielo y vino un jovencito á conducirme.
"Penetré entónces en el despacho, que es una oficina en toda forma, con sus cajeros, tenedores de libros y los dependientes varios de la parte mercantil del periódico.
"Cada seccion, como en todas partes, está marcada con una ventanilla de cristales, y la parte de contacto con el público es tambien un grueso cristal aislado ó incrustado en la tabla.
"Mi pequeño guía se introdujo conmigo en el elevador, y aquello fué subir hasta sentir hambre en el camino.
"Ascendimos ocho pisos, teniendo cuidado el conductor de anunciar:—primero, segundo, tercer piso, etc.,—recogiendo en ellos ó dejando pasajeros.
"Llegamos al octavo piso, y desembarcamos en un laberinto de pequeños cuartitos, que son destinados á los redactores. En uno de esos cuartitos, que con cuatro ruedas podria fungir de coche en cualquiera parte, sin aparato ni distincion, pegado á una angosta y plebeya mesa, estaba Mr. William C. Bryant, justamente proclamado como el gran poeta americano.