"El H. Bryant peina en sus cabellos y su barba cana, ochenta y un años.

"Es blanco y enjuto de carnes, frente calva abriendo horizonte en su cima y dejando caer sobre sus sienes hilos de plata en que se han trasformado sus cabellos.

"Las cejas, espesas y salientes, sombrean sus ojos pequeños, de rara inteligencia y dulzura, nariz prominente y acaballetada, y la boca perdida, como sus carrillos, en las caidas de su barba profusa como de polvo de nieve, que toca hasta sobre su pecho.

"Cambiados los saludos, quiso que ántes de partir viese yo la prensa del Evening Post.

"Descendimos varias escaleras, penetramos á las regiones de la luz artificial, y allí, como suspendido en los aires, vimos girar el inmenso cilindro que abre dos poderosas alas, y de cada una de ellas, en opuestas direcciones, lanza de diez en diez los ejemplares del periódico bisemanal.

"No me detengo á describir el mecanismo de la gran prensa, porque ya le conoces; pero acaso no conozcas la máquina de doblar los periódicos.

"Es un cilindro tambien, pero á su pié hay unas líneas de fierro horizontales.

"El periódico cae á una de aquellas hendeduras, y por debajo unos dedos de acero tiran del pliego dándole el primer doblez; la refriega del papel bajo la parrilla que te describo, es furibunda y momentánea; cuando vuelves la cara, cae á una pequeña artesa el periódico, listo para empacarse, y la sucesion es tan rápida, que más me he tardado en escribir, que en hacerse un paquete de muchos ejemplares.

"Mr. Bryant envió á buscar unos periódicos españoles para que tuviese yo que leer en el camino.