"Años despues de servir para tan nobles objetos, se convirtió en casa de Estado."
—El edificio, me dijo Joaquin despues de concluir la lectura, es aquel de la calle de San Luis, entre Chartres y Real.
—Ya recuerdo: grandioso, con las puertas cerradas y con muchos negros en la banqueta.
—El mismo.
—¿Sabe vd., Joaquin, que entre esos hombres que reformaron la Constitucion, los hay muy recomendables?
—Ya se ve que sí. Grimes, por ejemplo, era un abogado distinguido, un patriota eminente, que se alistó como voluntario en 1815, y como ayudante de Jackson prestó servicios á la patria con las armas en la mano; por último, fué uno de los más elocuentes oradores de la Union.
—Curtis tambien era hombre superior, y basta leer cualquiera de sus obras para cerciorarse que era muy digno de figurar en aquella notable asamblea.
—Yo con quien tuve buenas relaciones de la manera más casual, fué con M. Pierre Soulé, frances de orígen, y uno de los hombres más simpáticos que he tratado en mi vida. Si no fuera tan tarde, yo le contaria á vd. algo de Soulé.
—Venga el párrafo, dijo Joaquin, y ocupando cada uno de nosotros dos sillas, es decir, medio tendidos en una y apoyando el brazo y parte de la espalda en otra, así comencé mi narracion.
Dábase sus verdes en el Abril de sus dias el año de 1859: una comision del gobierno, unida á mi reconocido miedo al vómito, me habia hecho atravesar la playa y trabar conocimiento con el puerto de Alvarado, en donde encontré á Hernandez y Hernandez Pancho, de viaje para el otro mundo por causa de una fiebre que le dejó sin cara en que persignarse.