A poca distancia de aquellos gigantes, están las calderas del vapor.
Bajo un angosto lecho de fierro distinguí, como en lucha sorda, algo semejante á dos cuerpos humanos; el quejido prolongado que despedian aquellos monstruos en la sombra, impresiona hondamente.
Esas máquinas son las domadoras del aire, dan vida á los fuelles con que se gobiernan los tubos neumáticos, esos quejidos son del aire, que como que protesta al perder su libertad. Tienen la fuerza los cilindros, de veinte caballos.
Al abandonar aquel recinto de sombra y de actores de fierro, lo hice con suma precaucion para evitar la caida en alguno de los diez y ocho hondísimos pozos que tienen vivaqueando á las aguas para el caso de un incendio.
Antes de acabar de subir la escalera nos mostraron unas galerías, que son los vastísimos almacenes de los útiles para la vasta negociacion.
—¿Ha visto vd., me dijo uno de los compañeros, la planta y las paredes del edificio, que tienen de espesor cinco y seis varas, sin contar las numerosas columnas de fierro y granito? Pues bien, el edificio lleva de costo más de dos millones de pesos, y no puede decirse que esté concluido.
Salimos á flor de tierra y nos detuvimos en el salon, en donde está el contacto del público, la tesorería y otras oficinas.
La detencion la dispuso nuestro guía para que viésemos la primitiva máquina de Morse y la recepcion de las notas de los telégramas.
El aparato de Morse es de palo, está en un nicho y se explica con suma veneracion.