Morse (Samuel Finley Breese) nació en 1791, en Charleston de Masachutes, estudió y se graduó en la Universidad de Yale. Pero despues abandonó las letras y se dedicó á la pintura y la escultura.
Notables son como pintor sus cuadros del Hércules moribundo y del Juicio de Júpiter.
Asistiendo en 1826 á las lecciones de física de un amigo suyo, se dedicó especialmente al estudio del electro-magnetismo, y en 1832, al regresar de Europa á su patria, ya trajo la idea de su telégrafo.
Hizo patente su proyecto, imploró proteccion, fué desechado, acudió á Europa; allí, unos dijeron: "¿Qué no habrá en la tierra de este hombre casas de locos?" y hasta 1843, protegido por 30,000 pesos que acordó el Congreso, funcionó el maravilloso invento entre Washington y Baltimore.
La seccion en que se reciben los telégramas es amplia, la limita el mostrador y la sirven varios individuos.
Toma el empleado el apunte, lo valúa y luego le deposita en un tubo de cuero de la hechura de una cuja de lanza, sin tapa.
Hecha esta operacion, deja caer el tubo de cuero en un cañuto de metal que está en la mesa y á mí me pareció un tintero ordinario: al suspender el tubo sobre el cañuto, parece que lo arrebata una mano invisible que está debajo de la mesa. Ese es el carril aéreo neumático por el cual en instantes atraviesa la minuta del mensaje como un cohete desde el primero hasta el último piso, es decir, cuarenta varas poco ménos. Esa tramoya de los tubos me dejó estupefacto.
En un departamento contiguo al salon que describo, están, como si dijésemos, las postas de mensajeros que en número de cien recorren la ciudad con la celeridad del relámpago, encargándose de calles y rumbos circunscritos para la distribucion más cómoda de los mensajes.
Recorrimos de prisa el segundo y tercer piso ocupado tambien por varias oficinas, el despacho del presidente de la Compañía, redaccion, prensas y todo lo relativo á la publicacion del periódico titulado El Telégrafo, anexo á la negociacion. La sala en que reside el presidente es alegre y fresca: en ella están inscritos los nombres de Volta, primer indagador del vuelo del rayo, de Franklin su señor, de Morse su confidente y de Cirus Field, que le abrió paso en el corazon de las aguas, sentando en una mesa, para que bebieran en una copa la ambrosía de la civilizacion, á la América y á la Europa.
En unos departamentos interiores vimos los espaciosos comedores de los dependientes que tienen que asistir permanentemente al despacho.