Una generacion vigorosa vendria á celebrar el advenimiento de la mujer á la familia, y el instinto brutal cederia el puesto al amor, revestido de las seducciones de la inteligencia y de la gracia.

La costumbre es la sola razon poderosa que puede oponerse; pero las costumbres bárbaras están condenadas á morir bajo la planta de la civilizacion; resistencias análogas se vieron cuando se introdujo la vela para que sustituyese al ocote; el calzado á la tehua; el tecomate ó el cajete, al vaso.

El indio que ha comido aunque sea pambazo, se habitúa á él y abandona fácilmente la tortilla. La máquina de moler maíz es toda una regeneracion para la clase indígena, y no se debe perdonar medio para adoptarla.


Los libros extranjeros son carísimos, merced al bárbaro arancel que rige. En cambio los nacionales, y que se refieren á la instruccion, son de una baratura extraordinaria.

Ya hablaremos de librerías y periódicos; por ahora, contaré á mis lectores mis visitas á la Biblioteca de Astor, y á la Biblioteca del Instituto Cooper.

A ambas visitas me ha acompañado un amigo á quien voy á presentar á mis lectores.

Es mi amigo D. Andrés, chiquitin y moreno, de barba negra y ojos de relámpago, dentadura como perlas y franco de fisonomía.

Desembarazao y alegre de movimientos, fácil de lengua y de piés incansables.

Adora en los adelantos materiales de los americanos, y tiene adoptadas sus modas con fanático ardor. Saco holgado, pantalon de rayadillo, zapato bajo con enorme hebilla y suela del grueso de dos dedos, sombrero de paja con su liston negro, su enorme navajon entre los dedos, su paraguas de á setenta y cinco centavos debajo del brazo, y su abanico listo en la bolsa del costado izquierdo del saco.