Es un gran salon inundado de luz, con quinqués y candiles de gas.

Forman líneas paralelas blancos globos de cristal apagado, conteniendo las llamas, y las líneas de globos forman como tres naves, las laterales y la del centro, que es muy amplia.

En las laterales hay como grandes nichos ó cuadrilongos de cristales con agua, iluminados en la parte superior.

En el centro se ve un estanque circular coronado de luces, y en que entre cristales sube el agua una vara sobre nuestras cabezas.

En uno de los extremos está un estanque con su enverjado y una escalera al centro; en el opuesto, ó sea la cabecera de la sala, otro estanque, del que arranca un grupo de rocas naturales, formando en la altura una especie de gruta.

Entre el estanque central y el promontorio de rocas, en arco extenso se alza un puente que domina el salon; del puente, se atraviesa á una pequeña galería en que estaban la orquesta y los cantores. En el centro del salon hay convenientemente distribuidos sillones, sillas y sofás.

Al pié del salon, ví una como tendida caja cubierta con cortinas encarnadas y asientos á su frente.

A la entrada se distribuyen, por cinco centavos, índices del Museo, muy razonados y muy útiles para los curiosos, de los que hay quienes revisan el inventario número por número.

Recorrimos los nichos de la primera nave á la derecha: allí nos llamó la atencion un pescado japonés, escarlata y blanco, de airosos movimientos; tiene la cola como una cauda de seda que cae cuando nada, y lo mismo son sus aletas.

—¡Estos japoneses son singulares! mira qué pescado como de raso: no se parece á los otros.