El cuidador no se acerca á dar de comer al tirano de las aguas. Este sale, se sitúa á la orilla de las rocas y espera. Devora pescados enormes, y para que se vea, desvía el anfitrion la direccion de la presa y la arroja al agua. Inmediatamente despues se lanza el monstruo, dejándose ver en toda su deformidad y levantando las aguas con su golpe, lo que proporciona baños grátis á los espectadores, que se muestran muy divertidos.
Dejamos el leon para ir á oir á una niña que sobre una mesa declamaba y á la que nadie entendió palabra.
La caja con cortinas de que hablé al principio era ahora un lago suspendido en la altura entre cristales, y alumbrado con gas en la parte superior.
Dentro del agua estaba una jóven bastante gallarda, con carnes que figuraban escamas de plata.
La jóven tenia una pizarra en las manos. Hablando hablando, se sumergió, se acomodó sentada en el fondo del agua, tomó el pizarrin y se puso á escribir como cualquiera oficinista, mostrando en muy buena y correcta letra lo que escribia. La operacion habia durado más de un minuto: cuando la jóven volvió á la superficie, se oyó el recio respirar de todos los espectadores.
La música tocó una cancion melancólica, la jóven volvió á sumergirse, fingió que luchaba con el sueño.... se tendió en el fondo del lago y se quedó dormida. Aquel era un espectáculo casi de angustia: el director de escena, con reloj en mano, iba proclamando los instantes que pasaban. Muchos tenian sus relojes abiertos. La inmersion, que á mí me pareció una eternidad, ¡¡¡duró dos minutos!!!
Los aplausos saludaron á la jóven á su reconciliacion con la vida; la música sonó alegre, y corrimos al puente á ver lo que se anunciaba como ballena.
La ballena es un gran pescado blanco como de cinco varas, que se traga los centavos de los crédulos. Es el símbolo del humbug americano.
Cuando estábamos en lo alto del puente, dominando el salon en espectativa de la ballena, oí unos ecos que me parecieron tan singulares, tan inverosímiles, tan mexicanos, que, sin quererlo, absorbieron mi atencion.... Vamos, ¿qué piensan vdes. que era aquello....? ¿á que no lo dicen....? ¿Se dan por bien vencidos? Pues bajo el manto de la Vírgen están metidos.
Eran ¡títeres! sí, señor, títeres: el pito aquel agudo; aquel sonido.... era de títeres, y en teatrito de títeres estaba convertida la caja.