Hablando nosotros del sistema que se sigue de herraderos en nuestro país, herraderos ó marcas que se hacen con un fierro candente, nos dijo que en las dependencias de la Sociedad, las marcas se hacen con pintura adecuada que jamás se borra y liberta de ese suplicio á los animales.
Por último, nos mostró la ambulancia, en que se trasportan al hospital á los animales enfermos.
Es un gran carro de muelles de cuatro ruedas; el cajon ó cavidad del carro tiene un doble fondo; el primero lo constituye un tablon que gira sobre rodillos, y al movimiento de una cigüeña se arrastra hasta levantar del suelo al animal y colocarlo en la tabla. La cigüeña se mueve, y con el mayor tiento y blandura queda colocado el animal y es trasportable cómodamente á grandes distancias.
La vida del Sr. Bergh es una consagracion casi religiosa á dar lleno á los objetos de la Sociedad; él es el más activo policía, está en todas partes, se aparece donde se apalea un caballo, donde se atormenta un gato, donde se hacen degollinas impías de pollos y gallinas; en las casas de matanza, en donde se sujetan á martirios inútiles á los animales, y todo con celo tan ardiente, que produce una especie de veneracion.
A la Sociedad que preside Mr. Bergh se deben las preciosas fuentes que adornan la ciudad, que constan de un tazon cómodo en que beben los caballos, una llave económica con su receptáculo y su vaso para que apaguen su sed las personas, y una taza al pié de la misma columna que forma la fuente, al alcance y para solaz de los perros. En el remate de la fuente hay una tacita con agua para los pájaros.
Por última, en el cuarto del Sr. Bergh, en que descansamos, habia retratos de los bienhechores de los animales.
La Sociedad, aprobada por la Legislatura del Estado en Abril de 1866, consta ahora de un presidente, diez vice-presidentes, quince socios de la comision ejecutiva, un tesorero, un consejero y varios veterinarios.
Al separarnos, el Sr. Bergh nos regaló unos libros publicados por la Sociedad conforme á su instituto, de los que algunos de ellos son preciosos, como el que trata de la manera de servirse ventajosamente del caballo.
La visita del Sr. Bergh me dejó complacido al extremo, y con el vivo deseo de ver introducida en mi país esa institucion, lo que facilitará el Sr. Bergh luego que se dirija á él cualquiera persona de buena voluntad.