En el inglés de mi uso le dije, poniendo el continente más grave que pude:

—Es necesario que venga vd. más seguido: saque vd. la ropa.... quítela de ahí y vuelva dos veces por semana.

A medida que yo hablaba, la arpía aquella se enseriaba, me veia fosca, se acercaba á la puerta, y desde allí me hablaba....

—Está bien, le decia, creyendo yo que ella se excusaba; si no puede hacerlo llamaré otra mujer; pero no es mucho pedir que me cambie ropa seguido....

La mujer tenia los ojos como ascuas y me hablaba incómoda.

Yo le decia en castellano: "No hay nada perdido; si vd. no lava, vendrá otra...." La mujer hacia seña de llevarse las camisas.... yo la contenia hasta que no me hablase claro, como si yo entendiera las claridades en inglés.... la reyerta era espantosa.

Francisco sacó la cabeza y me dijo:

—¿Qué estás altercando, hombre de Dios?

—¿Cómo qué? que el dia ménos pensado me deja esta anciana sin salir á la calle....

Ella habló con Francisco en inglés, y volviéndose á mí me preguntó: