—¿Pues tú que has dicho á esa mujer? repítemelo,

Repetí muy formal lo que habia dicho.

Francisco reia.

—¡Bárbaro! ¿sabes lo que le estás diciendo á esa mujer?

—¡Cómo que lo sé!

—Le estás diciendo que se quite su ropa, que se desnude....

—Hombre, por María Santísima, ¡que no sigas!.... Vea vd., señora.... véase vd. en ese espejo: yo no puedo decirle semejante cosa....

La tempestad se apaciguó, y las risas de la desdentada lavandera me ardieron como azotes con ortiga.

Añadan vdes. á esto mis distracciones: el primero, y el segundo, y el tercer piso de este hotel, son exactamente iguales.... los mismos pasadizos, los mismos quinqués, las propias ventanas con sus cortinitas, idénticos botones para abrir y cerrar.

En el piso tercero vive Facundo; unas puertas ántes, un señor que ó se corta los callos ó se tiñe el bigote.... del otro lado un elefante femenino, que ó se aprieta el corsé ó engulle fruta como una ardilla.