Al pié del director se ve el piano y los lugares de los inspectores.
El salon es un amplísimo cuadro con su corredor interior formado por columnas, en las que descansa una galería que corre por toda la pieza, con sus gradas, como la galería de un teatro.
Los asientos del patio forman semicírculo en su totalidad, con tránsitos que los convierten en radios que convergen á la plataforma, graduados perfectamente como en un salon de espectáculo. El asiento lo forma un alma de fierro, del que penden dos cuadros de madera fina que se doblan: el uno funge de asiento; el otro, cuando es necesario, se convierte en mesa. Los piés de fierro están fijos en el suelo, de suerte que no se escucha el más leve ruido, porque las puertas no chocan sino que se abren para adentro y fuera: sus hojas están forradas en sus orillas, con paño ó bayeta.
La concurrencia de señoritas deslumbraba de magnificencia, de hermosura: se sentia orgullo por la raza humana, á la vista de aquel coro de serafines.
Las más señoritas concurrentes eran de quince á diez y seis años: las más chicas estaban en la galería.
El director leia los nombres y las calificaciones, interrumpiendo la lista con observaciones oportunas, oyendo á veces á los profesores que ocupaban la plataforma.
De cerca de tres mil niñas que se educan en el colegio, setecientas veintitantas concluian su carrera para profesoras, dos mil y tantas quedaban en los estudios preparatorios. Estas cifras son en sí mismas más elocuentes que cuanto pudiéramos decir.
Visitamos una cátedra de aritmética y otra de frances.
En todas las cátedras habia exámenes y se preparaban los estudiantes para las vacaciones.
Quedé citado con uno de los profesores para que se sirviese instruirme en todo lo que deseaba saber del establecimiento.