Los palcos se alzan á su vez, que son otros dos anillos de departamentos al aire, y formadas sus divisiones por intersticios de fierro y madera que hacen calados y filigranas.

El todo lo corona la galería, con gradas hasta el techo. Esa disposicion del terreno, hace que contenga un mundo de personas, que como que descienden en cascadas de plumas, de velos, de gorros, agitándose aquel mar con el aletear de millares de abanicos que están en movimiento perpétuo.

La vista de abajo arriba presenta el espectáculo de pirámides y de montañas animadas.

Del centro del teatro pende un candil de almendras de cristal, que forman enjambres de colores vivísimos, reverberando con más de trescientas fuentes de llama que á torrentes desciende é inunda la concurrencia, constituyendo la luz por sí sola un espectáculo de cielo y de delicias inefables.

A la boca del palco escénico, y en cada uno de los pisos, hay tres palcos á la manera de los nuestros, formando elegantes fachadas y rematando en figuras alegóricas.

Los asientos, las barandillas y cortinas, son carmesíes, de terciopelo y telas de finísima seda con flecos y bellotas.

Me hechizó la Aimée, me encanté con Duplan, pagué mi tributo de admiracion á la Duparc.

En uno de los intermedios, la Aimée cantó una cancioncita en inglés (Pretty like a picture), remedando á las actrices de los teatritos de segundo y tercer órden.

Salió tiesa y cuellicaida, andando en las puntas de los piés, con aspecto de garza que medita; hizo aquellos movimientos tirantes con sus interrupciones bruscas, siempre el gorrillo á los ojos y desairado el andar: de repente se animaba, juntaba y abria los piés á la usanza de la tierra, zapateaba y daba la patadilla final; pero coqueta, incendiaria, pícara.... de devorarla á besos....