Aquello produjo la tempestad, el desbordamiento, la epilepsía, el desparpajamiento de todas las almas, se hinchaban las manos de aplaudir, llovian ramos, se sentia caliente el aire de besos y de rabia....
¿Y lo creerán vdes? tan linda funcion tuvo para mí un final de pié de banco.
Ya en otra vez me habian revuelto las tripas estos empresarios, anunciando una representacion de Shakespeare, haciendo siete personas distintas, en escenas diferentes, el papel de Julieta.
Hombre!.... pero ¿qué idea tuvieron aquellos especuladores ó director de Shakespeare? ¿con qué se justifica ese toro embolado con el primer trágico del orbe? ¿No tienen ahí ministrils? ¿pues á qué hacer mojiganga de lo que se ve de más respetable en el arte? ¿No tienen bastante con haber declarado el jitomate fruta, el maíz potaje y música ese dia del juicio de trompetazos que nos desconciertan?.... hombre, esto pasa de castaño oscuro!
Pues no fueron bastante las siete Julietas, que en las siete plagas de Egipto debieron haberse convertido á estos comanches del buen gusto, sino que en esta representacion dispusieron la de un acto de Mad. Angot, haciendo las mujeres el papel de hombres y vice versa. Esto es la desvergüenza de la especulacion, el poner de mantel de un figon, un gibelino.
Casi no se conciben, estas profanaciones en un país tan fanático por Shakespeare, en donde se montan sus dramas con verdadero lujo y donde en la literatura tiene lugar supremo.
La trasmutación fué atroz: aquella gracejada de maroma á pocos agradó, yo me sentí humillado, me agobió el fastidio.
Al salir, no sé por qué, el oir á la Aimée, la vista de Duplan, el círculo de amigos de México.... no sé, pero buscaba el coche de mi casa, me pareció que salia de Arbeu.... ¡Oh patria! ¡México! ¡México!