A esta idea se debe la observacion especial de la ausencia del lujo.
La americana asiste al teatro, con pocas variaciones, como á la calle; la misma montaña de cabello, el mismo gorrito zalamero, que coloca con suma gracia y coquetería en su cabeza, y luego aquel equipo complicado, que consiste en capota, sombrilla, porta moneda, abanico, pañuelo, y no sé cuantas cosas más....
Este equipo se hace más notable en la estacion presente, en que si se rompe un huevo á cierta altura, cae cocido al suelo.
La literatura dramática tiene pocos estímulos; no obstante, en las farsas de los ministrils, entre las payasadas impasables, suele vd. encontrar chistes alusivos á las costumbres; pero como arregladores, como falsificadores, tienen su mérito los que se dedican al arte dramático.
Esos estupendos golpes de teatro en que hay tempestades y naufragios, terremotos y avalanches, luchas de fieras y desbarrancadas increibles, son muy del gusto de este pueblo aventurero y atrevido.
La maquinaria suministra recursos poderosos á estos hombres, y en ese particular la escena se sirve con propiedad y con lujo extraordinarios.
Las pingües ganancias y la duracion de las representaciones, permite cuantiosos desembolsos; no es extraño que para montar una ópera se gasten cincuenta ó cien mil pesos; y sin embargo, las entradas no pasan de un peso.
En efecto, me decia yo á solas despues que me dejó mi literato. Se podria escribir un tomo sobre los milagros que producen los muchos.
Estos muchos pueblan los mares y son el alma de la riqueza; la industria cobra proporciones titánicas; la fuerza como que se centuplica; en la atmósfera de la inteligencia se hace luz de llama y parece que los elementos todos de la creacion se trasforman; se vive dentro del sol, se vuelve céfiro el huracan, se abrevia el mar, se familiariza el espíritu con el infinito.