Calles que andan; alegría que lastima; puentes que parece conducen á poblaciones aéreas; la voz humana caminando sobre alambres; el rayo como con librea llevando mensajes; el huracan tirando de la locomotora; el fuego uncido á la caldera como el buey al arado.
Los carritos que cruzan la ciudad en todas direcciones, formando cordon con otros miles de vehículos, todos van llenos de gentes, lo mismo que todos los vapores que cruzan los rios. Las orillas de las banquetas de granito se mellan con el roce, y se tienen que reponer á menudo; se ha pretendido calzarlas de fierro, y el fierro se deshace como el trapo.
En varias calles hay pilares de fierro con llaves económicas y fuentes del mismo metal, con sus tazas para beber, y minuto á minuto vierten rios de esas aguas.
Los rios del Este y el Hudson, que son brazos de mar, se hielan en invierno; esa cantidad inmensa de nieve se embodega en edificios gigantescos de madera y aserrin, y apénas bastan para proveer á la ciudad; la nieve es tan barata, que ahora se dan cinco libras por un solo centavo.
Esta es la riqueza y estos los prodigios que aturden; no es porque tal nacionalidad impera, sino porque el hombre es dueño de sí mismo; el triunfo es de la ley, es decir, se glorifica la razon en el jubileo sublime de la humanidad. Por eso aquí lo colectivo es grandioso y admirable; lo individual, egoísta y vulgar.
A pocos dias de llegar paseaba en Broadway con un amigo entusiasta por este pueblo, y me decia:
—Hay aviso en ese libro (El directorio ó registro de todos los nombres de establecimientos de la ciudad, ó mejor dicho, Guía de forasteros, que tiene 1,500 y tantas páginas), hay aviso en ese libro, que cuesta su insercion diez mil pesos. Una cantidad igual producen al Heraldo diariamente sus avisos; esa es la razon de la baratura de los periódicos y del número de ejemplares que se imprime de cada uno.
Ese cajon de ropa que vd. ve, es una ciudad en abreviatura; su construccion es de fierro y mármol; ha costado más de un millon de pesos.
Aquella esquina que vd. creia templo por su gran cúpula y sus proporciones colosales, es un simple almacen de máquinas de coser.
¿Vd. ve aquella esquina de la calle 18, con su barandal de fierro y un edificio interior de poca importancia? pues al propietario le han ofrecido doscientos mil pesos por solo el terreno, pagándole además el valor de la finca.