Randolfo.—¡Prostituir la prensa, el gran paladium de nuestras libertades!

Lovedale.—¡El gran paladium! eso es decir una inocencia.... infantil.

Randolfo.—Pero debe ser muy cara esa compra de la prensa.

Gammon.—Con seis mil pesos hay lo suficiente, y ese pico lo puede vd. gastar.

Lovedale.—M. Gammon tiene justicia. Mediante esa ligera remuneracion, todos los periódicos dirán que sois la perfeccion misma y dirán que el pueblo os aclama en calles y plazas por su gobernador. Despues de esto, será necesario trabajar en las asambleas preparatorias. En todos los pueblos cortos hay dos ó tres hombres que llevan á los demás por donde quieren. Teniendo de nuestro lado á estos hombres, podemos decir que tenemos en nuestra mano al país entero, y estad seguro, nosotros, habiendo maña, los tendremos á nuestras órdenes. En cuanto á Nueva-Orleans, ya se sabe, es lo más fácil. Con unos cuantos pesos, todo se arregla.

Randolfo.—¿Pero en que país estamos? ¿Se compran los hombres libres como si fueran cabezas de ganado? ¿Y eso qué tanto costará?

Trimsail.—Entre arreglos preliminares, convites.... delegados, etc., bien podrán invertirse sus cinco mil pesos.

Lovedale.—Una vez que se admita á vd. en el primer colegio, lo demás se va como agua. Hablemos claro: con que ponga vd. diez mil pesos á disposicion del Comité Central, él fabricará congreso y sacará de debajo de la tierra cuatro mil votos, con lo que el triunfo es tan cierto como espléndido.

Randolfo.—¿Y eso es todo?

Turncoat.—No precisamente todo: se tienen que despolvorear otros tres ó cuatro mil pesillos para votos aislados y campestres.