El Gobernador.—Para no andarse con dibujos, es forzoso gastar en todo el juego unos veinticinco mil pesos.

Randolfo.—Pues entiendan vdes. que los pobres no deben ser políticos.

Lovedale.—Vd. perdone; podrán serlo, pero de otra manera. Si fuéseis pobre, yo os habria dicho: Mostrad vuestros talentos, endrogaos, aparentad algun vicio. En este caso, la envidia perdonará vuestra inteligencia. Cada uno de los méritos que podais tener, debe ser contrabalanceado por algun saltante defecto. Si el pueblo pudiese decir únicamente ¡cuánto talento tiene este pícaro! ¡qué desdicha que este hombre sea un perdulario! entónces tendreis asegurados muchos votos; pero si sois un candidato honrado, estais perdido. Dad apretones de mano á cuantos encontreis; miéntras más despilfarrado os vean, será mejor. Vestíos con descuido, afectad ordinariez, soltad cada palabrota que estremezca, tocad con afecto la espalda de todo el mundo, embriagaos por lo bajo una vez por semana, y en cantina bien concurrida y acreditada, haceos miembro de cualquiera de estas asociaciones disparatadas que surgen diariamente en Nueva-Orleans, declamad contra los tiranos, los aristócratas y los ricos; pero sobre todo, hablad eternamente del infeliz pueblo oprimido y de sus derechos, y teneis todas las probabilidades de una eleccion triunfal.... sobre todo si....

Randolfo.—Parece que vacilais..... creia que ibais á decir: sobre todo, si ofrezco ser instrumento ciego de los jefes.

Gammon.—Dísteis en el clavo.

Trimsail.—Juguemos limpio; la ciencia de la política consiste en esto: comprar ó ser comprado, servirse de los otros como instrumentos, ó ser á su vez su propio instrumento.

Randolfo.—¿No teneis otras instrucciones que darme?

Lovedale.—Sí; cuando hayais sido elegido por la convencion y puesto vuestros medios en las manos del comité, viajareis tranquilamente por todo el Estado, y de cuando en cuando lanzareis un pequeño discurso para que produzca efectos teatrales. El verdadero trabajo se hará entre bastidores.

Randolfo.—Pero, señores, yo preveo más dificultades que las que me anuncias. Se habla de Cramfort para el gobierno del Estado, y nadie tiene la mitad de sus méritos. En mi juicio, él tiene más talento que ningun otro hombre de Estado en esta nacion; de suerte que tengo por cierto que él será el elegido.

El Gobernador.—Nada vale Cramfort, le falta juicio; se necesita mucho buen sentido.