Lovedale.—Además, no nos importa, no es nuestro amigo, nos descartaremos de él; con algunos agentes hábiles en la ciudad y otros tantos en el campo, lo haremos todo. Cada vez que se pronuncie el nombre de Cramfort aparentarán nuestros agentes que son sus mejores amigos y dirán que es la misma perfeccion; pero con un gesto de desaliento profundo exclamarán: ¡Qué desgracia que sea tan impopular! ¡El pueblo no lo acepta! ¡La opinion lo rechaza, y á ésta no se puede resistir!
Randolfo.—Bien; pero yo he viajado últimamente por el Estado, y sé perfectamente que está en su favor.
Turncoat.—Precisamente para eso estamos nosotros, para probar que el país le es hostil. Muchos mostrarán pesar y retraimiento, y con esta maniobra abandonarán sus trabajos.
El Gobernador.—Además, querido Randolfo, las persuasiones por localidades cortas son fáciles: á cada una de ellas, ¿por quién estais? preguntan nuestros agentes. Se les responde: "Por Randolfo." "Nosotros tambien," replican los nuestros, y á todo Nueva-Orleans tenemos de nuestra parte; pero eso no vale nada, porque el hombre, aunque nos duela, es muy impopular. ¡Qué desengaño! era nuestro candidato; pero le hemos abandonado para conservar la unidad del partido.... Esto desespera, dicen nuestros agentes con las lágrimas en los ojos, y ¿á quién pondremos en su lugar? ¿á quién? al hombre más popular: él no tiene nuestras simpatías personales; pero es hombre muy querido.... es el que tiene verdaderas probabilidades de éxito.
Lovedale.—Este juego, por supuesto, se repite pueblo por pueblo.
Randolfo.—Pero si se nos pregunta por qué es tan impopular, ¿qué respondemos?
Gammon.—Querido amigo, un politiquero jamás razona con el pueblo. Cramfort es impopular, y la razon es que es muy impopular.... eso es inexplicable, pero es muy impopular.... Acaso le perjudique su orgullo.... dice uno con hipocresía: hay quien le acuse de aristócrata.... el hombre está perdido para siempre.
El Gobernador.—Randolfo: ahora, ¿qué teneis que decir?
Randolfo.—Señores, si yo no he comprendido mal, aunque nuestro gobierno sea constitucional en apariencia y democrático en el papel.... en resumidas cuentas, no es más que una oligarquía.
El Gobernador.—Nosotros no tenemos la culpa.