—Ven aprisa, es el amigo de Quintero, el Sr. D. Guillermo Prieto.
A este nombre, la señora rodeada de los niños dejó el asiento, la jóven enferma me saludó como á una persona conocida y Federico vino á echarse á mi cuello como mi hermano.
¡Qué adorable familia! ¡cómo lleva su infortunio como una corona de azucenas!
Ni una alusion á la cruel persecucion política, ni un envanecimiento de la antigua y cómoda fortuna, ni nada que pudiera amenguar la santa resignacion con la desgracia.
El hermano, sostén de la familia, hacia sus puros y mantenia el exíguo comercio de que he dado idea; una de las señoras cosia, otra daba lecciones de inglés, la hermana mayor cuidaba de la casa y todos atendian con tierna solicitud á Angelita, que es el nombre de la interesante enferma.
En algunas costumbres, en la conversacion, en el servicio de determinados muebles, se revelaban las personas de alta distincion: era una familia en ruina; pero esa ruina dejaba percibir las galas destruidas, los rastros de opulencia conservando cierta belleza peculiar é inspirando profundo respeto.
Así las tempestades de la Habana han lanzado á los Estados-Unidos tablazones dispersas de buques náufragos; y si es verdad que se encuentra en aquellas playas el grosero cordaje y los desechos despreciables, tambien es cierto que se ven reliquias de régios salones, cuadros y verdaderas joyas.
En la trastienda de la tabaquería coloqué mi asiento; las señoras me rodeaban, los niños se agruparon en sillitas pequeñas junto á mí; y queriendo y no queriendo, porque así se dispusieron las cosas, como otro Telémaco, hice la relacion de mis aventuras.
Risas, lágrimas, expresiones de ternura sincera, sazonaron mi estéril relacion.