—¿Cuánto es su precio?

—Lo que su piedad le dicte.

El cajoncito valdria un peso.

—Señora, suplico á su reverencia fije precio.

—No, hermanito, lo que vd. guste dar de limosna.

—Aquí tiene vd. dos pesos.

—Ay, hermanito! vd. perdone, ha de ser lo que su voluntad le dicte, pero siendo lo ménos ocho pesos......

Por este estilo fué nuestra liquidacion en el hotel.

Fardos y trebejos salieron á buena hora en procesion para la calle de San Felipe, en pleno barrio frances, en una casa de huéspedes privada, perteneciente á Mad. Belloc, y donde no se reciben sino personas distinguidas y de muy especial recomendacion.